lunes, julio 17, 2006

El poder de la Palabra


El poder de la palabra suele parecerse a un artilugio muy similar al de un pase mágico, o una pócima capas de transformar la realidad a imagen y semejanza de nuestras intenciones, o la intención de una clase, doctrina religión o grupo humano. Más tarde, la imagen de la palabra se proyecta en nuestro inconciente como la sombra huidiza de Peter Pan: se despega, vuela, planea y adquiere voluntad propia como el engendro del doctor Frankenstein. Entonces la miramos a los ojos y ya no la conocemos. Buscamos el hilo que permita coser este ser inédito a nuestros pies pero es demasiado tarde. Ahora su fisonomía nos sorprende e incluso nos atemoriza. Y cuando miramos su rostro inicial, nos damos cuenta que es demasiado tarde. Porque su imperio de imágenes se ha extendido de tal forma, que finalmente hemos terminado siendo gobernados por su reflejo; o su tiniebla. El gobierno de las palabras ha sustentado el poder de su imperio en una policía secreta de lugartenientes del idioma que ha tejido las redes de su intriga sin dejar ninguna pista concluyente que los inculpe. Pero para afianzar su poder ilimitado, ha establecido un secreto tratado con los todopoderosos mandamientos del idioma: el diccionario. Y desde entonces, hemos pegado un papel en cada cosa pequeña y gigantesca con su nombre.

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